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EL PROPÓLEO, LA RESINA MISTERIOSA DE LAS ABEJAS

Mª ESTHER IBEAS TORRES

08/02/2018


 

No puedo empezar a hablar del propóleos sin expresar el especial cariño y atención que despierta en mí este producto de la colmena. Como el resto de productos que las abejas obtienen del campo, el propóleos ofrece una natural simbiosis de elementos del mundo vegetal y del mundo animal, que combinados de forma màgica dan lugar a un producto complejo con múltiples cualidades.

Su nombre viene del griego “propolis” (pro: delante de, o en defensa de; polis: ciudad), que significa delante de la ciudad, en este caso de la ciudad de las abejas, la colmena. Este significado se le ha atribuido por la observación de cómo las abejas han venido utilizando el propóleos para reducir la entrada o “piquera” de la colmena con el fin de impedir la entrada de otros animales y para mejorar la temperatura interior durante el invierno. La referencia más antigua conocida del propóleos data del antiguo Egipto, con el papiro de Ebers, un libro de preparación de medicamentos escrito aproximadamente en el 1700 AC.

Las abejas recolectan con sus mandíbulas resinas de los brotes, yemas y cortezas de algunos árboles y arbustos, tales como avellanos, alisos, abedules, álamos, pinos, chopos, castaños, robles, etc., a las que les añaden secreciones de sus glándulas, resultando así nuestro conocido propóleos.

Después lo transportan en forma de bolitas (igual que hacen con el polen) en sus cestillos de las patas traseras. Dentro de la colmena, otras abejas se encargan de recoger las bolitas de propóleos y darles el uso que sea necesario.

USOS DEL PROPÓLEOS EN LA COLMENA
Sellar la colmena para evitar la entrada de enemigos y evitar corrientes de aire y frío, reduciendo la entrada, tapando agujeros o grietas o pegando las tapas con propóleos a modo de masilla o cemento.

Embalsamar pequeños animales que pudieran introducirse en la colmena y que las abejas no pudieran sacarlos al exterior.

Esto ocurría especialmente cuando las colmenas tenían unas entradas de mayor tamaño que las actuales, lo que permitía la entrada de algún ratón, batracio o insecto.

Una vez muertos estos animalitos, el recubrimiento de propóleos evita su descomposición dentro de la colmena.

Barnizar todo el interior de la colmena  como protector desinfectante-bactericida y como aislante.

Impregnar los panales donde se desarrolla la cría de abejas recubriendo con propóleos las celdillas donde pondrá huevos la reina para el nacimiento de las nuevas generaciones de abejas, con lo cual se procura un espacio libre de bacterias, hongos y virus.

Recubrir cualquier material que forma parte de la estructura de la colmena por el que las abejas sienten rechazo, por tratarse de elementos no naturales en los nidos de cría, tales como clavos, grapas, elementos plásticos, etc.

El apicultor recolecta ese propóleos de dos maneras. Una forma es rascando con una espátula el que las abejas depositan en forma de masilla sobre los cuadros, paredes y tapas de la colmena y que suele tener más impurezas (astillas de madera, trozos de cera, restos de abejas muertas, etc.). La otra forma es introduciendo unas mallas de plástico con agujeros entre 1,5-3,0 Mm., que las abejas rellenan con propóleos. En climas muy cálidos se puede colocar como pared de la colmena, en su cara norte o en forma de cuadro, pero en nuestro país, mayoritariamente, colocamos la rejilla encima de los cuadros de la última alza durante el período de verano-otoño.

 
 

Una vez retirada de la colmena, la rejilla propolizada se enrolla y se introduce en el congelador durante un corto período de tiempo con el fin de que el propóleos se vuelva quebradizo y se desprenda de la malla con facilidad. Para su conservación, ha de guardarse en bolsas de plástico de uso alimentario, bien selladas y almacenarlo en un lugar fresco, ventilado y al abrigo de la luz y el calor.

La cantidad que se puede recolectar por colmena oscila entre los 100-400 grs., en función de la zona geográfica, el clima, la raza de abejas, etc.

El propóleos puede definirse como una sustancia resinosa de color variado en función de su origen vegetal (desde el ocreamarillo, naranja y rojo al pardo-verdoso), de olor fuerte y aromático gracias  a sus aceites y bálsamos, de sabor fuerte, acre y picante; con el calor (a partir de 20ºC) es muy viscoso y pegajoso y con el frío (por debajo de los 15ºC) se vuelve quebradizo. Cuando envejece tiende a oscurecer y a reducir su actividad biológica, por lo que es preferible utilizarlo fresco, es decir, del año. No se le debe aplicar calor ni exponerlo a la luz solar porque perdería gran parte de sus propiedades, debido a la pérdida de sus aceites y sustancias volátiles. Tiene una composición muy compleja, se le han identificado más de 200 principios y aún no se han podido  determinar la totalidad de sus componentes, al proceder de diversas fuentes vegetales, así como por las diferencias existentes entre las zonas geográficas y sus respectivos climas, la raza de abejas, etc. Por ello, cada propóleo recolectado va a tener variabilidad en cuanto a su mayor o menor actividad en alguna de las propiedades que se le atribuyen, pero no la ausencia de tales propiedades.

También se ha comprobado que el efecto de algunos de sus componentes sintetizados es menor que cuando se emplea el propóleos al completo; así se observan los efectos sinérgicos y mancomunados de sus componentes. Su composición química en términos generales es la siguiente: resinas y bálsamos entre un 50-80%, aceites esenciales y otras sustancias volátiles 5-15%, ceras 10-50% y sustancias tánicas 4-10%. Contiene ácidos orgánicos, minerales y oligoelementos. Es de destacar su riqueza en flavonoides, así como sus ácidos alifáticos. Para que un propóleos sea considerado de calidad, no deberá contener más de un 30% de cera y al menos ha de contener un 50% de elementos biológicamente activos. Por sus múltiples propiedades.

CUALIDADES QUE SE LE ATRIBUYEN

Acción bactericida y bacteriostática: tiene una gran biodisponibilidad en el organismo a través de la sangre, no destruye las  bacterias
indiscriminadamente, por lo que  no destruye la flora intestinal y refuerza las defensas naturales del organismo.

Acción fungicida: tanto en uso interno como dérmico.

Acción antiparasitaria:
 llega incluso al hígado y los pulmones.

Cualidades antiinflamatorias: es regenerador celular, hemostático y cicatrizante, evita la rotura y pérdida de líquidos de las células.

Acción antioxidante: Propiedades analgésicas y anestésicas sin efectos colaterales.

Acción antiviral, a través de sus múltiples flavonoides: Debido a su amplio espectro de cualidades biológicas, el propóleos se puede aplicar en muchas enfermedades, si bien este aspecto precisa el diagnóstico e indicaciones de un especialista. Como contraindicación importante, hay que tener en cuenta la posible intolerancia al propóleos, que es poco frecuente, pero se suele manifestar en personas intolerantes a los productos apícolas y en algunos casos muestra reacciones dérmicas.

Se puede tomar en forma de tintura o extracto como reforzador del sistema inmunológico, para procesos virales, en caso de digestión o cuando alguna comida ha sentado mal y para un dolor de muelas.

En uso externo, se aplica en quemaduras, piel reseca y para cerrar heridas. También se puede utilizar como fungicida para las plantas mediante unas gotas de extracto de propóleos en el agua de riego. También se ha probado con abejas para un tratamiento preventivo, como ungüento en la curación de heridas en los animales y en uso interno para cuando tienen problemas digestivos y de intoxicación, mediante unas gotas de extracto disueltas en leche; incluso en caso de mamitis en las ovejas, se les aplican externamente el ungüento e internamente el extracto. En los Congresos de Apimondia y de Apiterapia se puede obtener información de las investigaciones que se vienen realizando sobre el propóleos en el tratamiento de diversas enfermedades, tanto en seres humanos como en animales, con fundamento científico.

Como cualquier producto, por muy natural que sea, hay que utilizarlo con precaución y conocimiento.