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EL FENÓMENO DE LA ATRACCIÓN Y LA DINÁMICA DE LOS SEXOS

Por Zulma Reyo

16/04/2018

Todos los cuerpos y moléculas que componen el Universo ejercen una fuerza entre sí que llamamos ‘atracción’. La intensidad de esta fuerza depende de la masa y la distancia entre los cuerpos y man- tiene la forma del Universo, así como su cualidad. Está presente en todas partes. Es vida. En nuestro mundo personal se trata de cuerpos y campos psicofísicos que crean deseos y sensaciones y compo- nen nuestra vida. Es tensión, ni más ni menos, y puede tanto desencadenar destrucciones nucleares como construir sociedades y elevar almas. Está detrás de la guerra tanto como de la paz, de la alegría como de la violencia. Para el ser humano su campo favorito de expresión es el área sexual, que está explícita o implícita en cada uno de nuestros encuentros, en cada una de nuestras creaciones.

y7rhz6y5-1359000951ATRACCIÓN/REPULSIÓN

La energía del encuentro por atracción es poderosísima. Cuando es fuertemente física crea una dependencia difícil de romper, acarreando obsesiones incontrolables que sin mayor conciencia se condensan hasta implosionar en al ámbito físico. Nadie sabe qué ocurre inicialmente, apenas medimos resultados. Es la energía que nos mueve en el mundo, inspirando o atormentándonos. Es el fenómeno detrás de la espiritualidad, detrás de la magia más oscura y detrás de la iluminación más radiante. Acumula y redirige la fuerza de la libido –esa mezcla de sensaciones y emociones tan tangibles–. Constituye el plasma en la sangre de la creación. En esta dinámica y sólo aquí se concilian aspectos aparentemente irreconciliables.

Si recordamos que las partes todas surgen de una Unidad Primera, comprendemos que el impulso trascendente por regresar al estado original es fortísimo, más aún porque desde el momento en que se crea una forma su integridad está regida por otra ley, la de la repulsión. No es posible fundirse en la Unidad una vez ocurrida la separación. ‘Quiero y No Puedo’ parece ser el lema que rige el Universo físico y también nuestra vida cotidiana.

Cabe ver cómo cada acto de violencia de género demuestra el mecanismo de la ley inexorable que rige las formas en su aspecto más decadente. Cada género es único y aparte. Los hombres y las mujeres somos irremediable y cualitativamente diferentes, y por la misma razón que nos atraemos nos es imposible entendernos o fundirnos. Aprendemos a tolerarnos y a respetarnos, pero nunca sentiremos como siente o piensa el otro. Llegaremos a honrarnos sólo si trascendemos la atracción psicofísica y nos dirigimos más allá del mundo material. Nuestro reto es sustentar la fuerza –detener el vaivén ‘Quiero/No Puedo’– manteniendo el foco y siendo fiel a una única intención: alcanzar la Verdad.

Aunque cada atracción responde a la misma dinámica, la atracción heterosexual (por basarse en la generación y circulación de sustancias físicas de polos contrarios) es la más fuerte pero también la más vulnerable. Espejando la ley de atracción/repulsión de las formas recién explicada, la tensión engendrada por el fusible del cuerpo y de la psiquis provoca una distorsión que se manifiesta como voracidad, pero como miedo también. El peligro nos despierta, nos motiva y a fin de cuentas nos apetece, prometiéndole al ego lo que más le gusta –lo imposible–, ya que la fusión inspiradora no es posible en el plano material. Es así como por un lado deseamos vivir un aspecto de la experiencia de esa atracción –la fusión– y rechazamos el otro –el miedo a la extinción–. Cada atracción en el ámbito humano ofrece la misma trampa. No hay atracción física sin que esa misma fuerza se convierta cíclicamente en rechazo y el supuesto amor se manche de irritación creciente cimentada en incompatibilidad, frustración e intensidad incomprensible.












Fuente: Athanor