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El otro día asistí a un taller de formación y se nos invitó a reflexionar sobre la fuerza que pueden tener los sueños. También debatimos sobre en qué medida el futuro nos viene determinado o somos nosotros quienes, desde ya, la estamos dibujando.

Pues bien, la conclusión a la que llegamos de manera bastante consensuada es que todos, en mayor o menor medida, tenemos el poder de elegir. A cada paso que damos, cada día, podemos elegir entre diferentes alternativas y es en cada una de estas pequeñas decisiones como vamos trazando el camino que recorreremos mañana.

Tener un sueño o un objetivo, nos proporciona energía, nos il • ilusiona, nos impulsa y nos marca una ruta a seguir.

Y que pasa si nos equivocamos o si no conseguimos el objetivo? Pues, no pasa nada !! A veces, los sueños se llegan a hacer realidad y otras veces no, nos equivocamos y es a partir de los errores que aprendemos y crecemos. Podemos dejarnos la piel y aún así, puede que no llegamos allí donde habíamos soñado, pero si no lo intentamos nunca sabremos cuál habría sido el resultado.

Obviamente, hay que contextualizar este poder de decisión dentro de lo que es nuestro entorno habitual, nuestros recursos y en conjunto todos nuestros circunstancias que, sin duda, son la base con la que podemos trabajar, pero no será tanto lo que tenemos sino lo que haremos con esto que tenemos lo que nos ayudará a abrir una u otra puerta. Es decir, que somos nosotros mismos quienes, en función de cada decisión que tomamos, vamos determinando nuestras circunstancias futuras. Es hoy que tenemos que trabajar por lo que queremos que sea mañana.

En definitiva, nuestra felicidad depende, no tanto de nuestras circunstancias, como de lo que hacemos con estas circunstancias. Es decir, lo que importa es la lección que aprendamos de los acontecimientos y la capacidad que tengamos de sacar el mejor provecho de los cambios y las crisis personales y de generar nuevas oportunidades a partir de los eventos.

Hay personas muy indecisas que les da miedo decidir, de esta manera creen que no tendrán que sufrir la carga de afrontar una equivocación, corregir errores o soportar las consecuencias que puede acarrear una decisión poco acertada. De lo que no se dan cuenta sin embargo, es de que si no toman ellos las decisiones, serán otras personas de su entorno los que los estarán trazando un estilo de vida que tal vez los hace infelices y además, estas personas no pueden aprender de sus errores ni disfrutar de la satisfacción de haber acertado y de haber tocado el cielo con las manos cuando logran alcanzar ese objetivo por el que han trabajado tanto.

Estas personas no son libres, no son dueños de su trayectoria vital, no eligen donde trabajan, con el que conviven o con quién y cómo pasan su tiempo libre, sino que, todos estos ámbitos de su vida vienen determinados por las influencias y presiones externas más que por su voluntad. Pero prefieren eso que no arriesgar o salir de su zona de confort y seguridad y además, tener que aguantar después las opiniones y los prejuicios de los que los rodean. Además, cuando las cosas no van bien, siempre pueden sentirse víctimas ya que no han sido ellos los que han elegido, y por tanto, creen que este hecho los exime de toda responsabilidad, sin tener en cuenta que la inmovilidad y la inacción son también una elección.

A menudo, la persecución de un sueño u objetivo implica cambios, mucho esfuerzo e incluso renuncias muy significativas y dolorosas. Todos sabemos que alcanzar objetivos no es fácil. Pero el poder de elegir nos hace libres !!

LAURA PUIG
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